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La Coctelera

Confraría de Pescadores de Cedeira. Toda a información sobre das actuacións desta confraría,o tempo, aperturas percebe, marisqueo, cursos, información en xeral etc..

19 Febrero 2007

Viven como Dios

Antón Luaces.

Indonesios, filipinos, peruanos y, ahora, también chinos. Les vale todo. Como les valían los gallegos allá por los años sesenta cuando, como en la leva para los antiguos buques balleneros o para el servicio militar (hasta no hace mucho en países suramericanos) agentes de empresas contratadoras -algunas de ellas bien conocidas- recorrían los puertos para fichar hombres, sobre todo jóvenes, a los que prometían embarcar en cuestión de horas y que, después, tenían que vivir prácticamente de la caridad en centros de ayuda o asilo en puertos como el de Rotterdam.
Porque a Rotterdam se iban los gallegos a esperar embarque y padecer lo que ahora padecen los marineros asiáticos, sin Seguridad Social, con los salarios muy por debajo de los que percibían los holandeses, noruegos, etc... y sin vacaciones de ningún tipo. Te embarcabas, trabajabas y ni siquiera sabías, en muchas ocasiones, el puerto de destino. Eran tiempos de contratos para buques mercantes, especialmente del norte de Europa o con banderas de conveniencia, mayoritariamente liberianos. Tiempos en los que la idea suprema estaba en recalar en puertos estadounidenses y abandonar allí el barco, burlando a la policía de emigración. Ahora se repite la historia; pero es España el país receptor de esos hombres que buscan los mismos horizontes que nosotros buscábamos hace 40 o 50 años. Aunque los de ahora pierden bastante más de lo que entonces perdían los gallegos. En todo esto, las agencias ganan; pero también hay que decir que existen armadores que, con este tipo de contrataciones, se ahorran sus buenos euros. Callan y otorgan. Ellos no denuncian. Las agencias los tienen cogidos, no se sabe cómo ni por qué. Y los marineros indonesios callan y otorgan -"son dóciles y no protestan" dicen los agentes- porque saben que les va mucho en ello. Trabajan, es lo único que saben hacer. Duermen y viven a bordo. Se pasan la vida en la mar hasta que un día, en puerto, te ordenan limpiar los tanques de aceite de gata y te mueres intoxicado. En tierra, las autoridades marítimas y laborales miran para otro lado. No pasa nada. No conviene, por lo que sea, denunciar la presencia a bordo de los barcos -por ejemplo, los de pesca- de personas que no cumplen con los requisitos necesarios para formar parte de la dotación de su dotación. Hay silencios en la mar que nadie osa romper. Conviene que todo siga igual porque si no, es difícil salir en la foto. Si hablas, no vuelves a embarcarte. Luego, en tierra, los funcionarios de mayor rango se amparan en la bandera del buque, que es española, y se olvidan de cuanta normativa comunitaria y de la propia OMI existe al respecto. Callar. Y consentir. Y sonreír. La vida es bella. Aunque existan marineros que trabajan por poco más que un cuenco de arroz. Menos tienen en su país, dicen, y aquí, por lo menos, tienen asegurado el cocido. Después, cuando la agencia gire unos euros a casa, todo será alegría porque es el único dinero que entra. De esto se valen los de la agencia. Y viven. Como Dios, como sólo saben vivir los que abusan y aquellos que lo consienten. En Teixeiro, en Pereiro, no están todos los que son. Parece claro.
Link:www.laopinioncoruna.es

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