Los nuevos gallegos
¿Qué ha cambiado ahora para que un barco británico (el Greenwich, con base en Ribeira) sustituya a un gallego (el Genita de Conderribón, que iba a ser desguazado para que su armador se acogiese a los beneficios públicos (económicos, naturalmente) previstos para la construcción de un buque nuevo?
Antón Luaces.
Hemos pasado de ser la Armada Invencible a la que había que gravar en el Reino Unido de forma que los capitales gallegos invertidos en barcos allí adquiridos tuvieran que radicarse en territorio de las Islas Británicas, a considerar gallegos a aquellos buques que, comprados con capital gallego, radican sus empresas en el Reino Unido y utilizan como base puertos de Galicia. Son los nuevos gallegos que apoyan la Secretaría General de Pesca y la Consellería de Pesca, organismos que, hace poco más de un año, calificaban de "extranjera" la flota asimismo radicada en Galicia, propiedad de armadores gallegos y con tripulantes gallegos y de otras nacionalidades, a los que la UE prohibía pescar en determinados caladeros y profundidades, a pesar de que el 95% de sus operaciones habituales se realizaban en la comunidad gallega. ¿Qué ha cambiado ahora para que un barco británico (el Greenwich, con base en Ribeira) sustituya a un gallego (el Genita de Conderribón, que iba a ser desguazado para que su armador se acogiese a los beneficios públicos (económicos, naturalmente) previstos para la construcción de un buque nuevo? ¿Por qué no se han admitido otras propuestas presentada en el mismo sentido por armadores con barcos que tenían pabellón de otros países y que, ante la negativa de la Administración a admitir un trueque, se han visto en la necesidad de invertir casi medio millón de euros en adecuar su viejo buque extranjero para seguir pescando? El Greenwich, al igual que su hermano el Meridiam, llega -al parecer- de manos de un armador barcelonés y lo hace con el tiempo justo para que le presenten como opción a otro que se iba a desguazar y que, curiosamente, se abandera en el Reino Unido (a expensas de que el servicio de inspección de buques de ese país, el MCA, lo admita) para, presumiblemente, volver al caladero de Gran Sol en donde ha estado hasta ahora y al que irá, asimismo, el nuevo barco que construirá el armador de ambos. Un galimatías. En medio, los otros armadores, los que han tenido que refugiarse en organizaciones territoriales de pesca para lograr que alguien les defienda ante las normativas europeas que los países de bandera de sus buques no amparan ni tampoco las autoridades españolas, que los consideran extranjeros. Ahora cambian las cosas. Se abren otras opciones y nacen las suspicacias. Se ve con recelo lo que Celeiro dice o puede decir. Se mira de reojo a Burela. El frente lucense. Se comienza a hablar del juego de intereses porque en Galicia se han construido (con ayuda comunitaria) barcos muy buenos que, curiosamente, ahora no tienen cuotas de pesca. Se percatan de ello cuando esas cuotas se pueden otorgar sin la intervención del Estado. Demasiados barcos y Europa no reparte en función del número de éstos. Se abre la caja de los truenos.
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axóuxere dijo
Esto parece una locura! España entra en la CEE y la política pesquera impuesta desde Europa obliga a restringir la gran flota de pesqueros (palangreros y arrastreros) que faena en los caladeros comunitarios a sólo 300 unidades: nace la llamada "Flota de los 300". Qué sucede con el resto de unidades que hasta el momento venían faenando en esos caladeros? Los que se resisten a desguazar sus barcos a cambio de un puñado de millones (de pesetas, entiéndase), optan por continuar su actividad pesquera de la única manera que se les ocurre en el momento: abanderar sus buques en otros países comunitarios, fundamentalmente en el Reino Unido. A simple vista todo va bien; cada armador exporta sus barcos a dicho país, operación que le supone un desembolso de algunos (bastantes) millones de pesetas, pero con la confianza de que esa inversión le reporte una rentabilidad a medio plazo. Los barcos continúan pescando donde lo venían haciendo, eso sí, consumiendo la cuota asignada al país que les recibe. Son los "abanderados", que tanto protagonismo ostentan el puertos como el de A Coruña y Ondárroa. Pero, pronto las cosas empiezan a torcerse, y desde el país que los había recibido con los brazos abiertos se empiezan a tomar medidas tan drásticas como la Merchant Shipping Act, que supone el amarre de esta flota durante un tiempo y la consiguiente ruina de aquellos armadores que tenían todo su capital depositado en estos barcos. Estos "abanderados" empiezan a ser conocidos como los "quotta-hoppers", y la política de persecución que se lleva a cabo contra ellos, supone un control exhaustivo de sus pesquerías tanto en alta mar como en los puertos gallegos donde descargar (quienes tienen - o han tenido - alguno de estos pesqueros saben que la presencia de los inspectores comunitarios en los puertos gallegos donde estos barcos descargan habitualmente era "el pan nuestro de cada día"): las cuotas eran escasas y a los barcos se les exigían unas determinadas condiciones que, en la práctica, no eran fáciles de conseguir. Muchos de esos barcos se fueron quedando por el camino: algunos fueron vendidos para terceros países, otros desguazados y algunos han conseguido sobrevivir pero no sin evitar el paso de los años por ellos. Son menos los "abanderados" que existen en la actualidad, pero la mayoría de ellos tienen una edad elevada (salvo contadas excepciones), y necesitan de grandes inversiones para actualizarlos, actualización que no va a ser subvencionada ni por el país de su bandera ni por el país donde las personas que se encuentran tras la persona jurídica extranjera propietaria de los pesqueros tienen su nacionalidad.
Mientras esto pasa con la flota abanderada, la situación de la flota nacional - la de los 300 - es diferente; evidentemente tienen que hacer frente a numerosas dificultades, pero siempre con el apoyo de las autoridades españolas. Esta flota se ha modernizado hasta el punto de ser una de las flotas gransoleras más avanzada. Sólo hay que pasarse por puertos como Celeiro y Burela y ver las nuevas unidades. Esta renovación sí ha tenido un gran apoyo por parte de las Administraciones: se ha subvencionado no sólo la construcción de nuevas unidades que sustituyen a las antiguas (que no dejan de ser auténticas modernidades en comparación con algunas unidades de las abanderadas), sino que la política de desguaces les ha permitido eliminar un gran número de las 300 unidades (cobrando por la paralización definitiva), pero acumulando los derechos de las unidades deshechadas en las nuevas unidades. Si observamos la Resolución de la Secretaría General de Pesca por la que se publica el censo actualizado de esta flota para el año 2007 vemos que sólo quedan 185 unidades (según mis cálculos estamos ya en 181).
Ante este panorama saltan todas las alarmas con el Genita de Conderribón-Coyo Sexto-Greenwich. Opiniones para todos los gustos. Cuál es la mía? Pues, aunque todavía confuso, me alegra saber que a las autoridades pesqueras españolas comienza a preocuparles la situación de los barcos abanderados en otros países europeos pero de capital español. Ahora bien, en otro orden no me parece coherente que en esta operación salga beneficiado de esta manera un pesquero no español. Me explico. Si para la construcción del Coyo Sexto se han concedido ayudas, debe eliminarse una unidad del registro español, esto es el Genita de Conderribón. Si lo que el armador común de ambos pesqueros quiere conservar la unidad que debería desguazar, desde mi punto de vista tiene dos opciones: a)sustituír el buque británico por otro buque británico, lo que implicaría que el Coyo Sexto nunca entraría en el registro español, y para ello el armador no obtendría ayuda alguna, por lo que la medida no es viable; b)proponer la permuta del Genita de Conderribón por el Greenwich antes de iniciarse el expediente de nueva construcción del Coyo Sexto, y una vez que el Greenwich ha entrado en el registro español (al mismo tiempo que el Genita de Conderribón saldría hacia el británico) tramitar la nueva construcción con las subvenciones que sean oportunas. Si bien el resultado de esta segunda opción sería el mismo que el que se pretende lograr de hecho, la forma sería un elemento diferenciador, puesto que lo que se sustituiría sería una unidad española, y por tanto las críticas desde algunos sectores no tendrían fundamento.
26 Marzo 2007 | 11:40 PM