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17 Enero 2008

«Llegaron a agarrar tres cuerpos, pero el mar se los arrebató»

El «Pombo Cuarto», uno de los barcos que participaron en el rastreo, halló un chaleco, un aro salvavidas y la radiobaliza

«Llegaron a agarrar tres cuerpos, pero el mar se los arrebató». Ángel Vidal, de Aguiño y patrón del Pombo Cuarto , uno de los arrastreros con base en A Coruña que anteayer participaron en las tareas de búsqueda y rescate de los náufragos del Cordero , relataba así cómo estuvieron a punto de recuperar más cuerpos y hacer que ayer no se velase solamente el cadáver de Francisco Alborada. Porque, eso sí, lo que los barcos consiguieron asir eran ya cuerpos sin vida.

«Los del Sigrás lograron mantener amarrados al costado del barco a dos personas», pero «un fuerte golpe de mar les arrancó el chaleco salvavidas y los perdieron», comentó Vidal.

Algo semejante le sucedió al arrastrero Virgen de Faro I , que también acudió con los demás hasta la zona del naufragio. La dotación de este barco logró coger por el chaleco a otra persona. Los marineros lo aseguraron al costado del barco, «pero de nuevo una ola del diablo pegó con tanta fuerza que el náufrago desapareció y no lo volvieron a ver», subrayó.

Segundos en llegar

La de Ángel Vidal fue la segunda embarcación en llegar al área exacta donde se produjo el siniestro -a 20 millas del cabo Prior-, después del Plaia de Esteiro , que consiguió rescatar a dos de los tres supervivientes: el contramaestre y el marinero indonesio que salvó la vida.

El patrón de esta embarcación asegura: «Prácticamente vimos a la totalidad de la tripulación del Cordero flotando, gracias a que llevaban puestos los chalecos salvavidas». Estaban desperdigados, indicó. Vidal puso proa hacia los cuatro marineros «que estaban más juntos. Íbamos con mucha ilusión y preparados para arriesgar lo máximo posible para tratar de rescatarlos del mar». Pero el viento de hasta 117 metros por hora y las olas de más de diez metros «nos devolvían a la realidad». Veían cómo sus compañeros de profesión se elevaban hasta la cresta de la ola y, «cuando bajaban, ya les perdíamos de nuevo la pista», aseguró Vidal.

Volvían a dar vueltas sobre un mar endemoniado, pero, poco a poco, aquellas luces estroboscópicas procedentes de los chalecos «se iban desvaneciendo, iban desapareciendo». «No sabíamos hacia donde dirigirnos», narra casi entre sollozos Ángel Vidal.

Balsa vacía

La tripulación del Pombo Cuarto descubrió una balsa salvavidas, «pero estaba vacía». Gracias a este hallazgo Ángel Vidal supo hacia dónde se producía la deriva de los objetos que flotaban pertenecientes al Cordero y así se lo hizo saber a los compañeros de los otros barcos. A continuación, encontraron la radiobaliza del Cordero y, poco más tarde, un aro salvavidas con luz y un chaleco dotado de luz estroboscópica.

Entonces fue cuando tuvieron que diseñar ellos mismos un plan de rastreo. Se pusieron de acuerdo para seguir los restos del naufragio y pusieron proa hacia Estaca de Bares: «Recorrimos más de quince millas en medio de un temporal fortísimo. Sin embargo, todas nuestras esperanzas se desvanecieron, cuando sobre la una de la tarde nos vimos obligados a regresar a tierra debido al mal tiempo», subrayó.
Link: www.lavozdegalicia.es

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