Seguridad en la procesión
El Ministerio de Fomento establece nuevas normas de seguridad en concentraciones náuticas de carácter conmemorativo y pruebas náutico-deportivas.
A. Luaces / M. B..A Coruña
Que las fiestas náuticas o de carácter cultural en el mar no se conviertan en entierros y carezcan de desgracias o que, en caso de que las haya, la responsabilidad civil esté clara en todo momento. Ese es el objetivo del nuevo Real Decreto aprobado por el Consejo de Ministros celebrado el pasado 25 de enero, a petición del Ministerio de Fomento.
La nueva normativa pretende evitar accidentes en las concentraciones náuticas de carácter conmemorativo o cultural y pruebas deportivas en el mar y que estas se desarrollen cumpliendo unas normas de seguridad que eviten sucesos trágicos como algunos ocurridos en el pasado. Por ejemplo, en el año 1998 en Ribeira, la caída de un niño a bordo de un barco, el O Saleta, rompió el momento de fiesta y el sentir de marineros, armadores y curiosos sobre una tradición que hasta ese momento no se había cuestionado.
La familia del niño denunció el caso y el armador del barco tuvo que indemnizar al niño con 300.000 euros. Desde ese momento cada vez son más los propietarios de embarcaciones que optan por dejar el barco atracado durante las celebraciones, por lo que pueda pasar.
La nueva normativa pretende que las responsabilidades civiles estén perfectamente claras para que ningún accidente quede impune y la responsabilidad recaiga en la persona adecuada. El reglamento se basa en el incremento, cuantitativo y cualitativo, de la seguridad marítima, de la navegación y de la vida humana en el mar durante las concentraciones náuticas de carácter conmemorativo o cultural como las procesiones marítimas en honor a la patrona del mar, la Virgen del Carmen, fiestas patronales, etc. Pretende reforzar la seguridad ante la proliferación de eventos náutico-deportivos, como las regatas, que se celebran en el litoral en aguas españolas.
El reglamento fija los criterios que deben regir la celebración de estos acontecimientos y la actuación de las embarcaciones que participan en ellos y de las personas que se encuentran a bordo.
La cobertura de las responsabilidades por los daños que se pueden producir durante la celebración de estos eventos obliga a los organizadores a comprobar que los propietarios de las embarcaciones tengan asegurada su responsabilidad civil, de acuerdo con las normas que rigen los seguros obligatorios en la náutica de recreo y deportiva o por cualquier otro medio que haga frente válidamente a esa responsabilidad.
La nueva regulación pretende que estos criterios se apliquen con carácter general y de forma homogénea a todo tipo de concentraciones que tengan lugar en aguas españolas. La normativa otorga el diseño y la aplicación de estos procedimientos a los organizadores de los eventos, bajo la supervisión de los capitanes marítimos de la Dirección General de la Marina Mercante.
La aprobación de esta disposición legal responde a la demanda realizada por distintos expertos del sector pesquero. Además, se articula también un nuevo marco jurídico en la actividad de sectores como el turístico, el cultural y la práctica del ocio en el mar, ligados a la celebración de los actos regulados por el nuevo Real Decreto.
Sin embargo, algunos expertos en seguridad marítima echan en falta la alusión a la responsabilidad de los organizadores de estos eventos deportivos en casos como el trágico abordaje sufrido por el velero Quechulo en junio de 1995 cerca de la isla de Ons. En el suceso perdieron la vida los dos jóvenes tripulantes de esta embarcación, que participaban en una regata náutica organizada por el Club de Regatas de Vilagarcía.
Las familias de los fallecidos buscan una explicación a la falta de responsabilidades de la organización, de las autoridades que tenían que dar resguardo a la prueba deportiva y los oficiales del buque que los abordó y el entonces jefe del Centro Zonal de Coordinación de Salvamento Marítimo Finisterre.
Devotos y turistas se quedan en tierra
Los accidentes ocurridos en los últimos años durante la celebración de procesiones o fiestas patronales ha provocado que los marineros sean reticentes a subir pasajeros en los barcos, por carecer de seguro para estos viajeros. Sin embargo, antes de estos sucesos, en procesiones como la de la Virgen del Carmen de A Coruña los pesqueros tenían por costumbre recoger a los fieles en el muelle para acompañar a la embarcación que llevaba la imagen durante su recorrido por la aguas coruñesas.
Por este motivo, ahora algunas cofradías contratan los servicios de una embarcación turística que cuenta con un seguro para transportar viajeros y hacer el mismo trayecto que la Virgen. Sin embargo, en la mayor parte de las celebraciones, la capacidad de estas embarcaciones es insuficiente y cientos de devotos tienen que quedarse en tierra y conformarse con ver los actos en honor de la Virgen desde tierra.
Sucesos como el de O Saleta, en Ribeira en 1998, provocaron la pérdida de una de las costumbres más antiguas de las procesiones marítimas por miedo a sanciones económicas en caso de que hubiese incidentes. "No se debería olvidar que los patrones, sin ánimo de lucro, ceden las embarcaciones para que la gente disfrute en las procesiones y poder mantener así las tradiciones en todas las localidades marineras", explican representantes del sector pesquero. Además apuntaron la necesidad de contar con seguros para esos casos, a los que las aseguradoras son reacias.
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Ministerio de Fomento (BOE de 07/02/2008 - Sección I)
REAL DECRETO 62/2008, de 25 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de las condiciones de seguridad marítima, de la navegación y de la vida humana en la mar aplicables a las concentraciones náuticas de carácter conmemorativo y pruebas náutico-deportivas.


