Mirar para otro lado
ANTON LUACES. El actual Servizo Galego de Gardacostas tiene su antecedente en el Servicio de Busca e Rescate, pionero en España y a partir del cual se generó, en otra dimensión, el actual Servicio de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar). Ambos servicios se complementaron en base a distintos convenios y protocolos firmados por los responsables de los mismos en los gobiernos de Madrid y Santiago de Compostela. La actuación,por tanto, de los profesionales del Servizo Galego de Gardacostas, si bien puede decirse que cuentan con una experiencia de dos años y medio como tales gardacostas, no puede obviarse, como ha hecho la conselleira de Pesca, Carmen Gallego, el historial de su personal y sus propios medios aéreos y marítimos.
La discusión en relación con la seguridad en la mar tal vez la estemos centrando, entre unos y otros, en la respuesta que se da al hecho accidental -naufragio, varamiento, escora de buques, caídas de hombres a la mar, etc.- y no en la prevención de estas cuestiones. Si partimos de la premisa de que el profesional pesquero no está integrado en el Convenio Internacional de Titulación, Formación y Guardia para Gente del Mar (STCW 78/95) y que, en base a ello, no es exigible -en caso de accidente- la misma responsabilidad al capitán de un buque mercante que al patrón o capitán de un pesquero, podríamos ir directamente al meollo de la cuestión en cuanto a los tiempos de respuesta del equipo de Salvamento Marítimo: este tiempo de respuesta se inicia, sin duda, cuando la emergencia es comunicada, porque los profesionales de salvamento en la mar no pueden intuir que se va a producir un accidente ni, producido éste, dónde se ha registrado si, previamente a su activación, no existe una referencia mínima para la búsqueda y posterior rescate. Es más; el tiempo de respuesta debe comenzar con la preparación, la formación y la adecuación de todos y cada uno de los miembros de la tripulación de un pesquero para afrontar la emergencia. No vale, tan sólo, con el certificado de aptitud marinera, porque cada barco es un mundo aunque éste sea parecido al pesquero vecino. La preparación viene de la práctica y a bordo de nuestros pesqueros, la práctica de abandono de buque, de qué actitud se debe tomar ante el riesgo de tener que abandonar el mejor refugio que el tripulante tiene y que es el propio barco salvo que éste se hunda. Saber qué se puede hacer con y en la balsa salvavidas, cómo actuar en esta para que se sepa en todo momento cuál es su posición, cómo se puede responder a la acción del rescate y salvamento. Conocer las posibilidades de los chalecos salvavidas y de los medios a bordo para tratar de asegurar la permanencia en la mar, ya sea en una balsa o, directamente, entre las olas. Esto lo saben bien quienes van a bordo de los buques de guerra y en los navíos de carga o pasaje. ¿Por qué se renuncia a esta formación -real, efectiva- entre los pescadores? Y son estos o sus representantes los que denuncian esa falta de formación que, por otra parte, las distintas administraciones pagan a organizaciones profesionales y sindicales para que organicen cursos que, en muchos casos, sólo cuentan con la asistencia de los marineros en paro o jubilados porque los que están en activo están en la mar.
¿Quién chequea la pericia de un pescador que ha asistido a un curso en materia de radiocomunicaciones impartido por esas organizaciones citadas? ¿No se está dando demasiado crédito a un certificado de asistencia a un curso que ni siquiera tiene la condición de ser oficial, reconocido por alguna institución que supervisa la realización del mismo? ¿Qué control ejercen las administraciones sobre el desarrollo de esos cursos?
Realizados estos parece consecuente la comprobación del grado de aprovechamiento de los mismos. ¿Se hace?
Desde aquí se inicia la cuenta atrás para hablar de tiempo de respuesta, y no sólo cuando el helicóptero está en el aire o la salvamar de turno cubriendo la distancia entre su base y el lugar del siniestro.
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