Un armador de Irlanda abandona en A Coruña a sus cinco marineros
Llevan una semana atracados en el muelle de Oza y ya no tienen víveres ni agua potable y apenas combustible
La tripulación embarcó en el puerto de Galway hace un mes con rumbo a los caladeros del Gran Sol
«Pensábamos que veníamos a trabajar y llevamos una semana aquí tirados». Así se explicaba ayer uno de los cinco marineros -cuatro portugueses y un ucraniano- que fueron abandonados hace una semana en el muelle coruñés de Oza a bordo del arrastrero An Capall Bán. Su armador, Patrick O'Malley, de nacionalidad irlandesa, no atiende las llamadas de teléfono de sus tripulantes, ni tampoco las realizadas por La Voz.
Ayer, ya no tenían agua potable y les empezaban a escasear los víveres: «Ya no tenemos carne», indicó el marinero Pedro Ferreira Maciel, pero tampoco tienen dinero para poder llamar a sus familiares «ya que el armador no nos paga los salarios desde hace un mes», subrayó. Otro de los tripulantes, Renaldo Rodríguez señaló: «Queremos que crean que estamos faenando», pero aseguró que todavía tienen algo de combustible para poder arrancar los motores «y así hay algo de corriente y calor por las noches».
Su particular odisea empezó hace ya un mes cuando un taxista de Vila do Conde contactó con los cuatro tripulantes portugueses y les ofertó la posibilidad de embarcar en un arrastrero con base en el puerto irlandés de Galway. Ellos accedieron y volaron hasta Dublín, donde se encontraron con el patrón del barco, «un tal Juan Luis de A Coruña», indicaron, y con Alexandre Sereda, el jefe de máquinas, de Ucrania. Durante quince días estuvieron pertrechando el buque de reciente construcción. Una vez finalizado, la tripulación puso rumbo a los caladeros del Gran Sol «sin contrato».
Los problemas empezaron el primer día de mar: «Nos rompió un latiguillo del aceite hidráulico», indicó Joan Alberto Bragas, también marinero, quien añadió que el armador «quería que navegásemos hasta A Coruña, pero el patrón se negó y entramos en un puerto irlandés». Una vez solucionado el incidente, y de nuevo en el caladero lanzaron el aparejo y este se rompió. El propietario les ordenó, entonces, dirigirse a A Coruña. En esta ocasión, el patrón accedió a pesar de su recomendación «de dirigirse a una dársena más próxima a la zona de faena», contó Xosé Reinaldo Márquez.
Contactos y solución
La mujer del armador se puso en contacto con la empresa coruñesa Hooktone Shipping para que les gestionase la entrada en el puerto gallego, trámite que realizó sin problema. También le rogó que se hiciese cargo del buque, pero el responsable de esta sociedad, Ricardo, le comentó que para hacerlo «tenía que enviarle el dinero para pagarle a la tripulación». Pero no obtuvo respuesta, «y desde esa conversación no volví a saber nada del asunto», señaló el responsable de la sociedad. No se descarta que la decisión de enviar el barco para A Coruña sea la de evitar problemas en Irlanda y captar otra tripulación en Galicia.
Mientras tanto, José Manuel Muñiz, el presidente de la Asociación de Titulados Náuticos Pesqueros estableció contacto con el cónsul de Irlanda: «Quedei tonto. Díxome que el estaba para velar pola xente irlandesa e non para poñer contra ela». A continuación habló con el cónsul portugués en Vigo y «este falou cos tripulantes hoxe mesmo (por ayer) e vai tratar de solucionar o problema». El armador envió a última hora de ayer a una persona para informar a los marineros «que nos próximos día virá o irmán do armador para negociar con eles», dijo Muñíz.
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