´Estoy nerviosa, aunque ya sé que está bien´
Los familiares de los seis marineros vivieron con mucha tensión y miedo la operación de rescate.
E. G. / J. P. A GUARDA / VIGO. "Estoy nerviosa, aunque el armador me haya dicho ya que mi marido y los demás están bien, a salvo". Así resume su estado de ánimo Loli Moreno Iglesias, de 34 años, esposa del marinero guardés Miguel González Pais, de 41 años, que se incorporó a la tripulación de Tuly hace unos tres meses. En su casa de A Guarda, junto a su hija pequeña Sheila, la mujer explica que "la última llamada que recibí de si marido fue en la madrugada del martes". "Me dijo que estaba bien, pero que hacía mucho calor", añade. Pensaban arribar a Cabo Verde, posiblemente en el día de hoy.
Cuenta que su marido trabaja en la mar desde hace 17 años, "siempre embarcado con espaderos". Con las cosas como están, sabemos que el trabajo está en el aire", comenta. Reconoce que la situación es muy difícil y todavía no saben qué van a hacer. Tienen una hija de 17 años, otra de seis y un chico de 13. Viven en una bonita casa, con un jardín muy cuidado en el que Miguel González tiene colocada su colección de pías de granito, una afición que compagina con la del fútbol, como "buen madridista". Horas más tarde, Loli habla con su marido. "Me ha dicho que está muy asustado", cuenta. Por eso sigue todavía "muy nerviosa".
Los hermanos de José Alberto León, el único marinero del Tuly que no es gallego, se enteraron por unos conocidos del naufragio. Las noticias no pintaban bien. Llegaron confundidas. "Nos decían que habían fallecido todos menos él", cuenta Gladys, con la que vive José Alberto desde su llegada a Galicia hace unos seis años. De FARO recibe una información más tranquilizadora. "¿Y sabes en qué hospital está?". El marinero peruano y el resto de tripulantes del palangrero guardés estaban todavía de camino a Gran Canaria entonces. "Menos mal que está bien", añade Michelle, su otro hermano. "El siempre ha estado en el mar, embarcado -añade-. Se pasa 20 días fuera, viene unos días, descansa, y se vuelve a marchar". Gladys y Michelle esperan ahora ansiosos, pendientes del teléfono, la vuelta de su hermano a Vigo.
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