Lo cortés y lo valiente
ANTÓN LUACES Se ha dicho siempre que en la política, como en el amor, vale todo. Tanto es así, que los políticos aprovechan cualquier coyuntura para pretender hacer valer sus tesis ante un electorado que consideran predispuesto permanentemente a la campaña. Y, lo cortés no quita lo valiente, reconociendo que los políticos pueden tener derecho a utilizar lo que tienen a mano para dañar la imagen del rival y magnificar la propia, no parece de recibo que, en una situación como la actual, se enzarcen como gallos de pelea en un corral que, aunque de todos, tiene un propietario: los armadores de los buques de pesca, empresarios que decidieron serlo per se y no porque alguien les obligase. Estos, los empresarios de pesca y ante el silencio de las organizaciones sindicales, plantearon un paro en el sector que conduce a pérdidas muy importantes a un país como Galicia, tan vinculado a la pesca. Y preguntan dónde está ahora Nunca Máis: en el fondo del mar, con Matarile...
El paro patronal -justificado por los precios del combustible pero, sobre todo, por los de la pesca en primera venta, verdadero caballo de batalla en los últimos años- hace más daño al haber coincidido con el que otra patronal, la del transporte por carretera, impone a una ciudadanía que contempla con pasmo cómo el Gobierno responde tarde y mal a un desafío que obliga al cierre de lonjas, pescaderías, etc., y al desabastecimiento de los mercados de pescado y marisco. Por si ello fuera poco, la clase política opta por culparse mutuamente de lo que ni el Gobierno puede arreglar por sí mismo. Y en esta diatriba entran en juego los representantes de los partidos mayoritarios, como en Galicia, donde el portavoz del PP, Núñez Feijóo, dice del presidente de la Xunta que está "ausente y autista ante la mayor crisis del sector" (flaco favor al autismo, problema contra el que luchan muchos padres en toda la comunidad). Por contra, la conselleira de Pesca, Carmen Gallego, arremete contra Feijóo y le acusa de "mentir al sector pesquero gallego para evitar que el Gobierno llegue a un acuerdo con la patronal pesquera, tal y como hizo con los representantes de las cofradías de pescadores". Obviamente, Carmen Gallego ha solicitado la dimisión de Feijóo, petición que va a tener tanto éxito como la acusación de "ausencia" y "autismo" dirigida al presidente gallego.
¿Qué se juegan los políticos en este envite patronal? ¿Se pretenden, realmente, soluciones? Y si buscan soluciones, ¿cuáles son sus propuestas, dónde están estas, dónde las esconden para no sacarlas a la luz y aplicarlas sin que la UE las desmonte?
Se da la circunstancia, además, de que los intereses de los armadores que promueven el paro no son coincidentes con los de la bajura, con lo que es absurdo que disputen los políticos cuando no hay ni acuerdo en el sector en el modo de hacer patente su disconformidad con el estado de cosas que propician los precios.
Llevar el agua al molino particular puede ser efectivo en un momento determinado; pretender que ese agua sirva permanentemente para hacer que la molienda resulte beneficiosa para quien abre los canales de servicio indebidamente, puede ser una temeridad porque una de las partes no va a responder adecuadamente.
Son como niños; pero en medio hay un juego de conveniencias -incluso políticas y estas no siempre disputadas por los representantes de los partidos. Hay armadores que quieren estar en la "pomada"- que están creando un daño muy importante a un sector que, viviendo de la pesca, abandona esta y, por una vez, sin exigir compensaciones económicas por el paro temporal.
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