Los armadores piden recortes en las importaciones para paliar la crisis
PescaGalicia-Arpega estima que cada buque acumuló pérdidas de hasta 400.000 euros el pasado año
El 50% de la venta del pescado se destina a combustible y el resto se reparte entre mantenimiento y salarios
El sector pesquero ha ido ahogándose poco a poco en el último decenio. Su intento de salir a flote el pasado junio ha tenido un final agridulce, con escasas ayudas europeas que no serán suficientes para paliar la imparable subida del precio de los carburantes y la caída del valor de las capturas. La entrada masiva de productos pesqueros importados de terceros países, con unos precios de explotación hasta un 50% inferiores a los locales, agrava la actual situación crítica, según la asociación de armadores de buques pesqueros PescaGalicia-Arpega.
Esta agrupación solicita a la Consellería de Pesca que medie con la Administración central y la Comisión Europea para poner freno a la entrada de pescado foráneo. Juan Carlos Corrás, gerente de Arpega, asegura que «es necesario controlar y recortar las importaciones. No se debería permitir que superasen el 30%». Lo que antaño sonaba como algo imposible, empieza a retumbar ahora en la mente de gran parte del sector: «La situación es cada vez más difícil de superar. Estamos en una coyuntura en la que solo tenemos pérdidas», recalca Corrás, quien va más allá y advierte de que a muchos les sale más rentable dejar el barco amarrado.
Demandan una solución urgente para poder hacer frente a avalanchas como la de la panga, aunque también hace mucho daño la merluza o la pescadilla extranjera, que tiran por tierra el precio de la local. «Parece que tenemos que primar a los terceros países frente a los comunitarios, en lugar de proteger nuestros mercados», advierte el gerente de PescaGalicia-Arpega. Con estos factores negativos sobre la mesa, la asociación de armadores de buques pesqueros asegura que cada barco acumuló pérdidas entre los 200.000 y los 400.000 euros el pasado año.
Imparable
En los últimos cinco años, la línea ascendente de los combustibles ha anulado cualquier atisbo de rentabilidad en la venta de la mercancía. Así, mientras el precio del crudo se ha incrementado un 62% desde el 2005, especies como la merluza, el mero a la castañeta apenas han variado su precio en las lonjas gallegas y mantienen una línea recta y monótona que ha acabado por aburrir al sector pesquero, que mira al futuro solo con ojos de desesperanza. Si en el 2003 el puerto de Vigo, el muelle de mayor movimiento en Europa, dispensaba gasoil a 0,217 euros el litro, ahora lo hace a 0,563, un aumento del 62% muy difícil de sostener si se tiene en cuenta que poner en marcha un buque de altura supone un desembolso aproximado de 42.000 euros, cuando antes bastaban 18.000. «Si los ingresos por ventas hubiesen subido, podríamos hacer frente a este incremento, pero así es imposible», reconoce Corrás.
Solo pérdidas
Las ganancias por la venta de pescado han desaparecido. Tomando como referencia la merluza, el 50% del precio al que se vende, se destina a la compra de combustible; el 40%, al pago del salario y el 10% para impuestos y mantenimiento de la embarcación. Con este reparto, los beneficios son de cero euros y las pérdidas alcanzan el 15%, según PescaGalicia-Arpega. A esto se suma que la merluza, una de las especies más consumida en Galicia, se vende diez céntimos más barata que en el 2003. Si hace cinco años, estaba a 4,7 euros por kilo, ahora se subasta a una media de 4,6, según datos oficiales de la Consellería de Pesca.
Y O Berbés no ha sido una excepción. En las principales rulas de la comunidad esta ha sido la tónica general, que pone en peligro un importante sector, aunque, tal y como señalan desde la asociación de armadores de buques pesqueros «a nadie le gusta hablar de las vacas flacas, aunque haya que afrontarlas».
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