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La Coctelera

Confraría de Pescadores de Cedeira. Toda a información sobre das actuacións desta confraría,o tempo, aperturas percebe, marisqueo, cursos, información en xeral etc..

26 Noviembre 2008

Patapalo

ANTÓN LUACES Están fuertemente armados y todo hace pensar que disponen de formación militar. Una formación basada, posiblemente, en la necesidad de salir del hambre de uno a costa de la vida de otro. Pero esta, la vida, para ellos no tiene valor alguno. La mar les da la libertad de actuar que no logran en tierra, al menos con tal alto rendimiento: una veintena larga de millones de euros en escaso tiempo y con una dedicación absoluta a la dilapidación en todos los sentidos a partir del abordaje a un buque, sea éste cual sea. Abordaje sin garfios, al sustituir estos por un lanzagranadas. Barcos nodrizas que les conducen desde cualquier lugar de la costa somalí a 300 o 400 millas mar adentro, por donde siempre navega algún incauto que puede reportar ganancias porque la armadora o el país de abanderamiento habrá de pagar lo que sea con tal de no perder las vidas de sus ciudadanos y, naturalmente, no perder el barco. Se desconocen las preferencias de los que pagan, aunque se pueden imaginar, a la hora de hacer valer los intereses de unos y otros. Se entiende que prima salvaguardar la vida del tripulante secuestrado; pero la carga y el valor del buque no se pueden obviar. De ahí que los seguros de fletes hayan subido como la espuma y los tripulantes de los buques que navegan por las proximidades del denominado cuerno de África reclamen complementos económicos que compensen sus servicios en zona de guerra. Una zona de guerra amplia, muy amplia: dos veces la del Mediterráneo. Una zona que quieren vigilar los navíos, aviones y helicópteros de la ONU y la OTAN, porque la piratería ya no es de este siglo aunque, hasta hace bien poco, el estrecho de Malaca, algunos puertos africanos y suramericanos (entre estos alguno brasileño) la hayan practicado (y la practiquen, todavía) sin la atención mediática que ahora tienen los piratas somalíes. Son piratas que salen del pueblo, de la miseria, de esos pueblos a los que algunos partidos políticos darían lo que España invirtió en la cúpula de las dependencias de la ONU en Suiza pero que no dieron cuando tenían en su mano el poder hacerlo. El gotelé se ha puesto de moda en la política gracias a la inmensidad de los océanos de un pintor mallorquín al que, lo que son las cosas, han hecho un franco favor con las críticas y los precios; como si el arte también se pudiera tasar en función de los beneficios de las crisis que no afectan a todos del mismo modo. Porque esa crisis no se vive en Somalia ni por los piratas ni por los ciudadanos, ocupados estos por la hambruna diaria y los primeros por los beneficios del apresamiento de un superpetrolero, un palangrero, un yate, un carguero... ¡lo que sea! Y si hay que morir, se muere aunque sea por los disparos de una fragata hindú. Ya vendrá alguien que releve a los muertos, porque en Somalia sobran candidatos a morir por un puñado de dólares. O de euros. O de libras.
Más de 80 buques secuestrados en un año y 300 rehenes mientras los países anuncian movilizaciones y desde Rusia -con amor- proponen entrar directamente en las bases de operaciones de estos grupos de desalmados que, sin parche en el ojo, sin pata de palo, sin garfio y sin loro, asaltan por medio de la tecnología más sofisticada -GPS y teléfonos satelitarios- cualquier cosa que flote. Y no vale de nada al buque alejarse de la costa somalí si lo que se pretende es utilizar el atajo de Suez: tarde o temprano te aproximarás a la costa. Y si no es así, barco nodriza a la mar, embarcaciones lanzaderas dispuestas y un par de lanzagranadas en cada una de estas, además de fusiles ametralladores y una buena dosis de decisión: morir o matar, dinero o muerte, la bolsa o la vida. No pierden nada y pueden ganar mucho. Los señores de la guerra siempre serán los mismos y hay que dar pocas oportunidades a nuevas incorporaciones. Las inhibiciones de lo que queda de autoridad en Somalia se cuentan por centenares, pero no les queda otra porque la suya es una autoridad que nadie reconoce.
¿No pagar el rescate? Puede. ETA lo exige en España cuando secuestra a alguien. Los piratas somalíes lo saben, porque el secuestro, la extorsión, no tienen patria. Cuando le toca a los tuyos buscas las monedas donde sea con tal de tener contigo a quien se han llevado a la fuerza. Hay leyes, claro, pero a ver quién justifica que te inhibas tú también ante la llamada de auxilio de un hijo, de un hermano, de un esposo. ¡Qué secuestren en un barco a un familiar de un legislador! Este le dará la vuelta al calcetín de la ley y seguirá exigiendo firmeza; pero pagará el rescate si está en su mano.
Los piratas somalíes van a tener que enfrentarse libremente a una fuerza militar que deberá regirse por unas normas internacionales de combate. La lucha sucia casi siempre gana, porque no existe la lucha noble. Ya veremos si los piratas se avienen a las razones de la fuerza; pero mucho me temo que no, porque el hambre es mala consejera. Y si a esta se une el deseo de beneficios sin cuento, la falta de preparación como personas puede llevar al pirata a la mismísima cueva de Alí Babá y echar de esta a los ladrones para tomar su sitio y reír la hazaña.

Link: www.laopinioncoruna.es

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