La Navidad sigue siendo negocio para los furtivos
Los ilegales también hacen su campaña especial, con más éxito que los legales
«¿Malos precios? Non cho creas. O marisco bo págancho ben igual». Lo asegura Andrés, un profesional de la Costa da Morte que exige el anonimato y dice llevar «trinta anos de rana», así que lo de profesional puede leerse en cualquier sentido. Ahora tiene carné, pero da referencias de unos bancos de almejas gigantes a los que solo puede accederse con botellas de oxígeno y cuyo resultado ha vendido sin dificultad a los precios que el resto de los mariscadores quisieran haber alcanzado esta Navidad. O de centollas de 45 euros que, una vez sumergido y tal como explica, «cóllense como nada» ¿Crisis? Todo es relativo.
«Nestes días ninguén respecta nada», asegura. En realidad, los furtivos nunca lo hacen, pero todo el mundo espera de estas fechas una extra, un aguinaldo, en este caso a costa del mar: «Eso sí, al que se confía lo chimpan», sentencia, antes de explicar el abecé del buen furtivo submarino: siempre a la escucha; al menor ruido, fondear la carga y, al recogerla, sin el equipo; que no te pillen nunca con todo junto. Y, en cualquier caso, nunca tener nada a tu nombre. Al menos nada que no quieras perder.
Ecos del pasado
«É moi duro non poder ter nunca nada ao teu nome», dice una señora en un pequeño pueblo del área de A Coruña. Sus dos hijos fueron trampeando por las rocas hasta hace un par de años, cuando encontraron empleo en una fábrica creada recientemente. En el pueblo, la consigna de que el mar no es de nadie funcionó toda la vida: «Os homes iban ao mar e nás a vender á praza de Lugo», recuerda otra mujer mientras compra a la pescadera ambulante que acaba de llegar en una furgoneta: «Ibamos a vender ás portas dos bancos, que saían os homes cos cartos no peto. Era máis fácil venderlles a eles que ás mulleres, porque nunca discutían no prezo».
Ahora, en A Coruña resulta extraordinario ver a gente por la calle ofreciendo marisco. Las cosas han cambiado mucho, aunque la actividad se mantiene. Y los compradores, también: «Deso sempre sobra», explica el mariscador/furtivo de la Costa da Morte. Particulares, restaurantes, encargos familiares. Muchos tienen la comanda hecha antes de sumergirse y se desprenden con facilidad de la carga, sea mucha o poca. El reciente caso de las vieiras tóxicas ya dejó de manifiesto que, efectivamente, compradores siempre sobran.
Tiempos duros
Todos los que se dedican al furtivismo saben que vienen tiempos duros, que la competencia va a ir a más («Espera que aprendan os senegaleses», augura Andrés) y que la vigilancia, aunque insuficiente todavía, incrementa su presión hacia todos. Incluso para los que marisquean con carné: «Non podemos nin consumir as ameixas que collemos. Pódente multar si as levas para casa», confirma uno de ellos. La ley obliga a que todas las almejas capturadas pasen por un proceso de depuración. Así que los bajos precios de esta Navidad y el hecho de no poder consumir la producción llevó a algunos mariscadores a devolver las almejas al mar, mientras los furtivos vendían sin complejos las mismas almejas a precios peores, y las más grandes, mucho mejor. Mala campaña para los mariscadores legales y algo mejor para los furtivos. Una de las paradojas del mar.
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