«Prefiro ver a un rapaz roubando percebes que roubando nas vivendas»
Hasta hace poco tiempo, en la Cofradía de Vilanova de Arousa había medio centenar de nombres anotados para unirse al personal que marisquea con carné. La Xunta autorizó incorporar a treinta personas pero, cuando tomó esa decisión, la lista se había triplicado y ahora hay más de cien personas esperando a que la puerta se abra de nuevo. Es solo un ejemplo de cómo el marisqueo se perfila en algunas zonas como una alternativa casi única al desempleo que empieza a castigar a Galicia ya con fuerza, a pesar de la caída que han experimentado los precios.
No todos aquellos que se quedan sin empleo se anotan en una lista. Algunos bajan directamente a la playa o se descuelgan por las rocas para sacarse un pequeño jornal que palíe la difícil situación por la que atraviesan: «Non nos temos que esquecer do que fomos», resume la patrona de Vilanova, Evangelina Lago, que también augura un repunte del furtivismo tras la larga y dura normalización del sector.
Llegan los inmigrantes
«Eu prefiro que un rapaz ande roubando percebes que vivendas», apunta un percebeiro en Suevos (A Coruña). Es una posición bastante común entre los profesionales que, a pesar de soportar la competencia desleal de los furtivos que esquilman los recursos, no se someten a vedas ni paros y tampoco pagan impuestos, comprenden que el deterioro de las condiciones económicas va a incidir en un aumento del furtivismo.
La coyuntura puede propiciar también la incorporación al furtivismo de inmigrantes sin empleo, como ya se ha detectado en algunas zonas de Galicia, donde han sido localizadas mujeres brasileñas y rumanas extrayendo marisco de las playas.
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