Cañones o mantequilla
ANTÓN LUACES Si cuando hablamos del Estado de pabellón nos referimos, sin duda, a la bandera que enarbola un buque, debe entenderse que el espacio que esa bandera ampara -siempre que no esté en territorio nacional- no es sino una extensión del país que representa. Porque la bandera -sea de seda o de latón- representa a una nación. La bandera española a bordo de un buque (sea éste de la Armada, de la marina mercante o un pesquero) indica que los metros cuadrados y metros cúbicos de ese objeto flotante son territorio español.
Más: en marzo de 1995 y en aguas internacionales, el pesquero congelador Estai fue atacado por una patrullera canadiense que ametralló su proa. Posteriormente, los patrulleros abordaron el pesquero vigués. Galicia y con ella la Unión Europea hablaron de un acto pirata. España mandó al Gran Banco de Terranova una pequeña prueba de su reconocimiento de soberanía y situó en aquellas aguas internacionales al P-74 Atalaya, un patrullero de la Armada que fue a defender el derecho de nuestros pesqueros y, sobre todo, nuestros marineros.
Los atuneros españoles en aguas internacionales frente a la costa somalí no pueden llevar a bordo militares (han solicitado infantes de marina) y han de valerse de unos guardias de seguridad contratados por los armadores a los que, con carácter excepcional, se les permitirá utilizar armas de largo alcance.
Reflexionemos: España intervino -pagara lo que pagara- para liberar a los nacionales raptados por los piratas en aguas internacionales del Índico. Reconocía, de facto, que había que amparar la actividad de los barcos y sus tripulantes y nació la operación Atalanta. Esta se demuestra ahora sino inútil, insuficiente, porque los piratas de la costa Este africana cada vez son más decididos y, como nada tienen que perder, asaltan todo cuanto se mueve en aquel océano. Entres otros, los boniteros españoles, que son españoles porque enarbolan la bandera de este país que tanta sangre ha costado y todavía cuesta. Para contrarrestar los efectos de esos piratas, además de un avión y un buque de la Armada -parece que el Índico es la ría de Arousa- y el compromiso de una serie de países que hicieron suya la citada operación Atalanta, el Gobierno autoriza a que cada armador de atunero contrate los servicios de unos guardia de seguridad que podrán portar armas de largo alcance.
¿Las podrán disparar antes de que los piratas accedan al buque que pretenden secuestrar?
La normativa actual establece para los guardias de seguridad que su ámbito de actuación es el bien mueble o inmueble que se supone guardan. En este caso, un barco. Pero la norma no contempla el uso de un arma reglamentaria en la mar contra alguien que navega, aunque se presuponga que pretende asaltar el buque que el policía de seguridad (vigilante) guarda. ¿Quién concede a este guardia la potestad para disparar contra quien ni siquiera ha abarloado su embarcación al atunero que el indicado miembro de seguridad tiene la responsabilidad de defender, de paor a a popa, de babor a estribor?
Que los atuneros se quejen porque sus homólogos franceses llevan a bordo infantes de marina proporcionados por su Gobierno no es sino la constatación de la frustración. Y tienen derecho a protestar porque la bandera que enarbolan en la popa del pesquero tiene para ellos el mismo valor territorial -puede que incluso anímico y patriótico- que la del francés. Y los piratas no hacen distingos: ante los cañones o la mantequilla, se quedan con ésta.
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