Francia se blinda a bordo de los barcos
Los pesqueros galos que faenan en el Índico no han vuelto a sufrir ataques desde que embarcaron a militares
«Nunca ha sido nuestra intención resolver el problema de la piratería, solo minimizar los riesgos. Para acabar con los piratas habría que reinstaurar el imperio de la ley en Somalia». Así habla David Lintern, comandante de la Royal Navy y portavoz de Navfor: la misión de la UE en aguas del Cuerno de África que tiene como objetivo proteger a los buques del programa de ayuda humanitaria de la ONU, y no a los atuneros europeos, que transitan por zonas mucho más alejadas e inhóspitas.
Los barcos de la ONU cruzan el golfo de Adén, que separa la Península Arábiga del Cuerno de África y por el que pasan unos trescientos buques al día, la mayoría mercantes y petroleros. En esa zona se producen el 90% de los ataques piratas, y es el área más protegida por la fuerza internacional que patrulla la zona. Mientras, la flota pesquera de la UE -quince buques españoles, quince franceses y un italiano, además de nueve pesqueros de propiedad mixta abanderados en Seychelles y sus embarcaciones auxiliares- se mueve persiguiendo a los atunes en torno a esas islas. Es decir a casi 6.000 kilómetros de Adén, más o menos la distancia que separa Santiago de Moscú.
Las dificultades logísticas para blindar ese inmenso pedazo del océano, que ocupa una superficie similar a la del mar Mediterráneo, convierten a la presencia militar a bordo de los buques en la única medida efectiva para evitar los secuestros. Desde que Francia la adoptó no ha informado de ningún asalto, pero el problema, según aseguran fuentes diplomáticas españolas, es que el riesgo de incidentes graves cuando hay armas a bordo se multiplica. Y no solo porque la respuesta armada pone en peligro la vida de los militares y de la tripulación civil, sino porque puede convertirse en un problema mucho peor. «Un secuestro se soluciona pagando, y la mayoría de los armadores tienen una póliza que cubre ese riesgo. Pero si los piratas capturan un barco con militares, el asunto se convierte en algo mucho más grave que no se soluciona con dinero, sino a tiros», advierte.
Campaña
La primavera pasada, y a instancias de la entonces eurodiputada socialista Rosa Míguelez, el Parlamento Europeo celebró una audición monográfica sobre piratería en Somalia, en la que los armadores expresaron sus temores a una nueva campaña de ataques centrada en sus zonas de pesca, adonde la presión militar en el norte está empujando a los piratas. El gerente de la Asociación de Armadores de Buques Atuneros Congeladores, José Ángel Angulo, pidió más contundencia: «Hay que prevenir y disuadir, pero si eso no sirve hay que usar la fuerza», reclamó. Pocos días después, y a muy pocas millas de donde luego fue secuestrado el Alakrana , los piratas apresaron un portacontenedores y un quimiquero.
Las tres naves siguen en poder de los piratas, que no solo juegan con la ventaja de contar con un equipamiento cada vez más sofisticado y potente gracias a los rescates. También porque la operación Atalanta adolece de algunos puntos negros.
Según los armadores, no es la primera vez que un atunero español no puede atender a los avisos de peligro de una fragata gala porque nadie a bordo entiende el francés. Y tampoco es la primera en la que el avión de vigilancia español se ve incapaz de comunicarse con un pesquero galo en el que ningún tripulante habla castellano o inglés. Desde su base en Djibuti, la nave, que acaba de ser relevada por problemas técnicos, tarda seis horas en llegar a las zonas de pesca. Y como en esos desplazamientos consume la mayoría de su combustible, su autonomía le deja menos de tres horas de patrulla efectiva.
«Los atuneros están desprotegidos», denunció en la Eurocámara la eurodiputada popular y hoy presidenta de su Comisión de Pesca Carmen Fraga. Algunos europarlamentarios incluso abogaron por la solución más drástica: «Hace tres siglos a los piratas los colgábamos, ahora les pagamos. ¿Por qué no bombardeamos sus bases en tierra, esos chalés de lujo que se están construyendo en la costa de Somalia?», se preguntó el conservador británico Struan Stevenson.
«No estamos en guerra»
El representante de Navfor tuvo respuestas para todos los planteamientos de los eurodiputados: «Si no trabajamos más al sur es porque no tenemos barcos suficientes, y si no desmantelamos las bases en tierra es porque ese no es nuestro mandato, porque no estamos en guerra y porque no podemos bombardear los poblados civiles donde están instalados los piratas».
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