El gran almacén del furtivismo gallego
El material ilegal decomisado por Gardacostas abarrota dos naves en Celeiro y Santiago . La tramitación administrativa y judicial provoca que algunos objetos permanezcan hasta 15 años almacenados
Más de cien embarcaciones, por encima de setenta coches, casi media docena de camiones, furgonetas, todo tipo de aparejos y artes de pesca ilegales y un sinfín de objetos decomisados en la lucha contra el furtivismo abarrotan los dos almacenes del Servizo de Gardacostas de Galicia, en Santiago y Celeiro. Pueden pasar años, lo que dure la tramitación administrativa, hasta que se aclara su destino final. En la mayoría de los casos, les espera el desguace, el reciclaje o la destrucción. La subasta es inviable porque el material es de "ínfima calidad" porque los furtivos saben que se lo pueden incautar. Son el mejor testimonio de la actividad ilegal en el mar gallego
P. PIÑEIRO | VIGO Dos naves, una en Santiago y otra en Celeiro, guardan el mejor testimonio de los medios, en algunos casos bastante sofisticados, que emplean los furtivos en sus asaltos a la riqueza pesquera y marisquera de la costa gallega.
A estas naves llegan cada día ingentes cantidades del material que se logra en los decomisos realizados por el Servizo de Gardacostas de Galicia. Más de cien barcos, en su mayoría pequeñas planeadoras de poliéster o barcas de madera, unos setenta coches, cuatro o cinco camiones de unos 3.500 kilos, furgonetas (en algún caso con doble fondo capaz de esconder hasta una tonelada de pescado) e innumerables nasas, redes, aparejos o instrumentos empleados en la pesca y el marisqueo ilegal se amontonan en ambas naves y, en mayor proporción, en la de Santiago, que ocupa más de 2.000 metros cuadrados, según detalla Lino Sexto, subdirector del Servizo de Gardacostas.
Los objetos decomisados han de esperar almacenados, en muchas ocasiones, varios años hasta que concluye toda la tramitación administrativa correspondiente o incluso algún trámite judicial, lo que alarga más el proceso, en algunos casos hasta los quince años. Los propietarios que desean recuperar sus objetos antes han de hacer frente a un aval o fianza hasta que concluya la tramitación. Son cantidades que van desde los 300 a los 7.000 euros. Sexto recuerda alguna de hasta 60.000 euros. "Era un barco que estuvo precintado y ahora está a la venta por parte del propietario, que no quería hacerse cargo de la sanción y ya lo vendía con la incautación encima", explica.
Lo que los propietarios no quieren o no pueden recuperar y todo lo de propiedad desconocida inicia el camino de la destrucción. Durante mucho tiempo el material tuvo como destino la incineración en Sogama, incluso los barcos, hasta que la negativa de la empresa a aceptar este material por problemas de contaminación aconsejó destinarlo al reciclaje, el desguace o la destrucción por empresas especializadas.
La salida al mercado mediante subasta no es viable. "No se puede subastar mientras no se acaben los trámites administrativos y, cuando terminan, la verdad es que no hay nadie interesado en comprar esa chatarra, que no tiene valor de ningún tipo, porque, por ejemplo, hay coches que llevan allí más de cinco años oxidándose y los barcos de madera y los motores en ese tiempo también se deterioran". Además, se trata de material "de ínfima calidad porque los furtivos ya saben que se arriesgan a que se los incauten y, por ejemplo, los coches suelen ser prácticamente de desguace. No se gastan mucho porque saben que se arriesgan a quedar sin él".
En cuanto a los aparejos y artes ilegales, los decomisados sin identificar se destruyen inmediatamente para evitar que colapsen las naves y las dejen inoperativas.
Sólo desde julio salieron de la nave unos quince camiones con nasas, redes y aparejos y todavía deben quedar otros cuatro o cinco pendientes de tomar el mismo camino.
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