Los gallegos tiran la xarda mientras los lusos la descargan en sus puertos

Los arrastreros gallegos acabaron la cuota de xarda a mediados del mes de marzo Autor de la imagen: | ÓSCAR PARÍS
Insisten en el sinsentido de arrojar al mar toneladas de pescado muerto que se convierten en «basura»
Los arrastreros lucenses ofrecen sus barcos a los científicos comunitarios para que evalúen si hay o no caballa
Es difícil de encajar que el caladero esté plagado de xarda que no se puede pescar por falta de cuota. Pero más difícil es asumirlo cuando «ti o tes que tirar e os teus veciños están pescando na túa zona, descargando nos teus portos e vendéndoa no teu mercado», señala el patrón de un barco lucense que prefiere mantener el anonimato. Esos vecinos son la decena de arrastreros portugueses que todavía no han agotado su cupo de xarda y surten a pescaderías y fábricas de una especie que los gallegos solo pueden devolver muerta al mar porque no son capaces de esquivarla de tanta que hay.
Claro que los portugueses lo hacen en el marco de la legalidad, puesto que, a diferencia de España, todavía no han agotado la cuota de en torno a 5.000 toneladas que los ministros de los 27 les asignaron en diciembre pasado para las zonas VIII y IX; esto es, Cantábrico-Noroeste y Portugal. Mientras, el sector español se repartió 28.000 toneladas de xarda, que agotó a mediados de marzo. Desde entonces, devuelve al mar hasta 10 toneladas diarias de caballa.
Esa es una solución incomprensible tanto en términos biológicos y económicos como del más estricto sentido común. Tirar «basura» al mar es un absurdo, sostienen. Como también lo es no aprovechar un esfuerzo pesquero que ya ha hecho mella en el stock, dado que lanzarlo por el trancanil del barco no contribuye en nada al mantenimiento de las poblaciones de peces.
Y dar pie a que en plena crisis económica se permita el lujo de destruir puestos de trabajo es el colmo de los sinsentidos, a juicio del sector. Para los arrastreros, afectados por el recorte de días de pesca previsto en el plan de recuperación de la merluza y la cigala, el cierre anticipado de la pesquería de la caballa ha supuesto un grave varapalo económico. La xarda les daba una alegría entre enero y abril; a veces incluso hasta mediados de mayo. Este año el alborozo acabó hace en torno a un mes. «Estamos ganando agora a quinta parte do que hai catro semanas», asegura uno de los patrones, que ha visto caer la facturación del barco que manda: de los 6.000 a 12.000 euros por día que se facturaban con la caballa se ha pasado a los 2.000 o 2.500 euros que ganan vendiendo el poco jurel que encuentran, las pescadillas y las meigas que consiguen.
A disposición de los biólogos
Y todo ese perjuicio económico cuando el stock para nada está mal. Eso es, al menos, lo que sostiene la asociación de arrastre de litoral de la Organización de Productores Pesqueros de Lugo (OPP-7), que ha puesto sus buques a disposición de los biólogos que asesoran a la Comisión Europea para que los científicos puedan disponer de datos fiables que les permitan revisar sus predicciones y, por tanto, incrementar las cantidades establecidas como total admisible de capturas (TAC).
Los profesionales lucenses señalan que la de la caballa es una pesquería estacional, por lo que la solución al problema no puede dilatarse demasiado, tiene que ser inmediata, dado que «los barcos no pueden hacer nada para no capturar xarda», puesto que es una especie migratoria que se mueve en grandes bancos y en grupos muy numerosos.
«El mar está lleno y no se les puede escapar», aseguran los patrones. Lo intentan pescando en el cantil, donde menos hay, pero es inevitable que las redes se llenen de esta especie pelágica que acaba sin vida en los fondos marinos.
Las empresas frigoríficas tuvieron que recortar la campaña
Por cada empleo en el mar se generan cuatro en tierra, según los expertos en economía pesquera. Ese efecto dominó es constatable en el caso de la xarda. En los barcos han prescindido de mano de obra. Y en las empresas frigoríficas que procesan caballa, también. Todavía no hay cifras concretas del empleo que se ha perdido, dado que la campaña todavía no se ha cerrado, pero algunas empresas, como Frigomar, de Burela, ya han hecho sus números. Habitualmente, para la temporada de la xarda solían firmar un contrato de obra y servicio a 28 personas durante tres meses. «Este año traballaron tres semanas, porque non había máis materia prima», señala Marcos Salgueiro, uno de los responsables de Frigomar.
Después de comercializar el año pasado 5.500 toneladas de xarda, las previsiones de la empresa pasaban por surtir de hasta 8.000 toneladas de xarda a sus clientes, principalmente países de Europa del Este y de África. Estaban preparados para ello, no en vano el año pasado hicieron una inversión -cuya cuantía Salgueiro prefiere no precisar-, que contó con ayuda de la Xunta, para adquirir maquinaria más moderna para el procesado de caballa. Pero el agotamiento de la cuota hizo que cerrasen la campaña con 3.000 toneladas, «un tercio da nosa previsión».
Salgueiro señala que ahí no se para el efecto dominó. Si él tuvo que recortar personal, «a fábrica de cartón venderá menos embalaxe, o transporte non terá tantos viaxes...». Y todo ese perjuicio para que la xarda llegue igual muerta, pero al mar.
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