´Nuestros pósitos, sus cofradías´
s seguro que, como señala el Consello de Contas de Galicia, las cofradías pasan por un mal momento económico. Y es así, en buena medida, por la imprevisión de aquellos para los que esas entidades sin ánimo de lucro han trabajado siempre: las distintas administraciones, tanto dependientes del Gobierno central como las de la Xunta.
Hay cofradías que, con personal contratado por el Gobierno gallego de turno en tiempos de bonanza, ahora pasan a depender de los pósitos y estos han de responsabillizarse de sus nóminas en un momento de drástica reducción del número de marineros locales y, por ende, de los barcos que conforman tales cofradías. Muchas de estas han pasado de más de un centenar de pesqueros a tan sólo la cuarta parte de estos, y de 800 marineros a menos de 300; pero la estructura hay que mantenerla y, además, dar servicio a otras entidades que tienen que ver con la mar como con las capitanías marítimas locales que ocupan sedes de cofradías y utilizan material administrativo que los pósitos han de pagar. Estos tramitan asuntos que corresponden a servicios centrales como el ISM (hoy casi desaparecido por la reestructuración llevada a cabo por el Gobierno y que obliga a los pósitos a redoblar su esfuerzo social), la pesca deportiva, la pesca de bajura, las lonjas, las fábricas de hielo, el combustible en muchas de ellas...
En definitiva, una labor administrativa sin la cual tanto la autonomía gallega como la Administración marítima nacional se resentirían, y de qué manera, de no existir las cofradías. Algunas de estas tienen más patrimonio que el propio Consello de Contas y sus prestaciones sociales resultan imprescindibles en localidades gallegas en las que resultan tan fundamentales, o más, que los propios ayuntamientos.
El informe del Consello de Contas hay que desmenuzarlo. Leer la letra menuda. Concluir después de comparar. Y si hay algo mejor que nuestros pósitos -sus cofradías-, cómprelo. El servicio que prestan desde hace más de un siglo no tiene parangón, aun cuando en ocasiones se cometan errores de bulto en la elección de sus representantes. A esto tampoco son ajenos los partidos políticos, y ellos lo saben, como lo sabe asimismo el Consello que condena y no bendice, posiblemente por desconocimiento.
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