Energía libre en el mar
ÁNTÓN LUACES Que una ola es una fuerza en libertad y, por tanto, una energía, parece indudable. Lo mismo acontece con las mareas. Y qué decir de las corrientes marinas.
La libertad de todas ellas, como la del aire o la que tuvieron los ríos, permite pensar en la existencia de futuras fuentes de energía limpia que, por su existencia en la costa gallega debieran generar mayores expectativas en, al menos, los investigadores y, especialmente, de las empresas que, como hacen las vascas, debieran participar en grandes proyectos para el aprovechamiento de esas energías marinas liberadas naturalmente y que el hombre puede aprovechar sin causar el más mínimo daño o perjuicio medioambiental.
Con 30 millones de euros de inversión, el proyecto Ocean Lider se desarrolla en el País Vasco con numerosos apoyos que van a conocer resultados positivos en el plazo máximo de tres años. El Ente Vasco de la Energía (EVE) trabaja, al mismo tiempo, en una planta de energía renovable instalada en Mutriku, que generará 6.000 kw/hora, que es el equivalente al gasto de 600 personas en un año.
Además, en aguas de Lemóniz prueban diferentes dispositivos existentes para producir electricidad gracias al movimiento de la masa oceánica. Y Bilbao prepara todo lo necesario para acoger en el próximo mes de octubre un importante congreso sobre energías oceánicas en el que participarán expertos de todo el planeta.
Sabido es que la energía marina es un nuevo sector que abre un buen número de oportunidades para las empresas. Los trabajos en este sentido desarrollados por un equipo de investigación dirigido por el profesor de la antigua Escuela de Náutica de A Coruña, Francisco Novo Martínez, podrían considerarse pioneros en el aprovechamiento de este tipo de energías inagotables dada la concepción del sistema por él concebido y que sólo se serviría de las corrientes marinas para la generación de miles de kilowatios que podrían alimentar a muchas de las poblaciones de la comunidad gallega.
No parece ser esta la principal preocupación de empresas, universidades y administración autonómica, más dados a esperar a que "inventen ellos (los otros)", cuando aquí, en casa, tienen la solución a muchos de los problemas económicos y de empleo que se podrían resolver con muy escasa inversión si comparamos esta con lo que significa la dependencia más que evidente de un combustible -el petróleo- que, al tiempo que se agota, experimenta incrementos sustanciales en su precio con su clara repercusión en la estabilidad económica del país.
Teniendo las soluciones aquí, parece incongruente ese déjà vu de una sociedad cada vez más apegada a lo que se va y no será posible recuperar: los combustibles líquidos.
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