El pescado gallego pierde su ADN
la procedencia de la pesca gallega
La creciente importación de material foráneo invade las lonjas del país y difumina el origen de algunos de los productos más emblemáticos de la gastronomía gallega
Imagínense el corte publicitario. Un turista se enfrenta a una parrillada de pescado y marisco en cualquier restaurante del país. Mientras ataca una centolla con cara de felicidad, una voz en off pregunta: «¿Gallega?». Y otra le contesta: «No, francesa». Ojos en blanco paladeando un pulpo: «¿Gallego? No, marroquí». Éxtasis sorbiendo una nécora. «¿Gallega? No, escocesa», y así recorriendo la parrillada multicultural hasta un eslogan del tipo: «No se deje engañar, usted no puede pagar marisco gallego». El clip nunca lo verá en televisión, pero la parrillada igual no era tan difícil de encontrar. «É normal -reflexiona Benito González, presidente de la federación de cofradías-, porque somos deficitarios nalgúns produtos e, cando non hai, temos que importalo».
La crisis ha mitigado lo que en el 2006 era una desequilibrada balanza comercial para la pesca gallega. Aquel año se importaron 724.000 toneladas y se exportaron 456.000. El 2009 se cerró con una caída de las importaciones a 551.500 toneladas y un crecimiento sostenido de la exportación hasta las 487.700. Este año, importación y exportación ya tienen cifras casi idénticas. Pese a la tendencia al equilibrio, muchas especies se han ido asentando en las lonjas de la comunidad, algunas absolutamente identificadas con la gastronomía gallega.
José Manuel Canosa, propietario de Frigoríficos de Camariñas, congela anualmente cuatro mil toneladas de pulpo: «De Galicia apenas llego a las cien». 3.500 vienen de Marruecos y el resto de otros muchos orígenes: «Aquí no hay pulpo suficiente». Su producto sale básicamente a la exportación. No es una cuestión de precio: «El de Marruecos es más caro», dice.
-¿Y todo el pulpo que se va a comer ahora en el San Froilán? ¿Será marroquí?
-Ya les gustaría a los del San Froilán comer pulpo de Marruecos...
Mientras Canosa congela pulpo en Camariñas, crecen las empresas importadoras de marisco, que desembarcan en distintos puntos de Galicia. Viajan desde Francia o el Reino Unido con camiones piscina que depositan el marisco en cetáreas de las que nécoras, centollas y otros productos absolutamente asimilados a las rías gallegas partirán luego a las lonjas con precios imbatibles pese a su largo viaje.
Una nécora escocesa de buen tamaño (cuatro o cinco en el kilo) puede mejorar el precio de una gallega hasta cinco veces, en función de la temporada. Y muchas placeras saben que sus clientes pasarán de largo ante nécoras por encima de los 30 euros, un precio solo al alcance de sofisticados restaurantes, muchos de los cuales se encuentran fuera de Galicia.
«Xa se di que o pescado máis fresco de Galicia cómese en Madrid -señala Benito González-. Pero dende as cofradías estamos a impulsar varios proxectos para identificar o ADN dos produtos e que se podan facer máis inspeccións para acabar co fraude». Sin embargo y hasta el momento, los proyectos para poner en valor los sellos que certifiquen el origen gallego de los productos del mar apenas han tenido éxito.
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