Esta noche es Nochebuena?
ANTÓN LUACES Mugardos tiene mar hasta en las raíces de sus patatas. La salitre rodea el edifico del casino costeado por la emigración y algunos edificios de la zona rezuman espuma como si el mar, en sus embates contra las rocas de Prior y Prioriño -tan cercanos y tan lejanos, a la vez- transfiriera a tierra la que emana de los roquedos y cabalga en el viento hasta acamar el maíz que cultivan, también ellos, los marineros.
El sábado pasado, bajo un frío de impresión, Mugardos seguía sin desperezarse. Y eso que volvían, vuelven a humear, sus chimeneas. Y al calor de una antigua lareira, un veterano marino mercante recordaba sus tiempos en la mar en una época como esta, tan propicia para la añoranza y el ojear el calendario particular de cada uno desgranando números e historias.
Don Juan, que recorrió cuantos mares en el mundo existen y se bautizó en el Cabo de Buena Esperanza con una tormenta "de muy señor mío", a la vieja usanza, confiesa que nunca la Nochebuena es tan triste como aquella que se recibe en la mar como si todo fuese igual que en casa. Una cena distinta a la de cada día, la previsión del cocinero de disponer de dulces y bebidas no te hacen olvidar que esos turrones y mazapanes, ese cava, ese vino extraordinario, se sirve en una mesa fija a la estructura de un barco que se mueve, que tu mano izquierda -o derecha, según el comensal sea zurdo o diestro- ha de sujetar el plato para que éste no "viaje" en el vaivén, que la canción que se interpreta en grupo no es la misma que cantan el abuelo, el padre, la esposa, los hijos, los hermanos en torno a una mesa más o menos nutrida... que la mar no es la helada que aquella noche caía sobre Mugardos, ni los derrapes de los vehículos en la siempre peligrosa carretera los pantocazos del buque y que los ánimos, aunque vivos, no son lo que llevan a dar un beso a la madre, a la esposa, a los hijos para desearles una feliz Navidad.
Porque esta noche, sí, es Nochebuena; pero no la Nochebuena de la familia. Es la Nochebuena de una soledad en compañía de amigos y compañeros de trabajo, de un disimular que todo sigue igual, de un mantener viva la mentira de que en la mar la Nochebuena existe y no es triste cuando, en realidad, el corazón está oprimido y la garganta te hace nudos con as de guía para que las tripas no se suelten.
Es Nochebuena, claro; pero no la Nochebuena que todos queremos.
Don Juan tiene un brillo especial en los ojos y, sinceramente, creo que miente tanto como la Nochebuena en el barco cuando asegura con convicción que no se trata de una furtiva lágrima más o menos operística, sino que el frío de la calle, la salitre que "lleva entrando en casa desde los tiempos de mi padre, que la construyó", logran lo que nunca una ola consiguió: hacer que la Nochebuena sea una blanca Navidad en el caballo largo y ancho de las olas.
Pero es Nochebuena. Y mañana, si el brillo de los ojos lo permite, Navidad. Y en la mar se seguirá disimulando, porque es tiempo de pequeñas mentiras y ausencias que se guardan. Aquí, en casa, y en la mar.
Link: www.laopinioncoruna.es


