Los gallegos vuelven al mar
La crisis en tierra provoca una inflación de marineros autóctonos en los puertos del país
Tres marineros de bajura descansan mientras se descarga el pescado que han recogido durante la jornada frente a la lonja de Cambados. Autor de la imagen: fOTOS: MARTINA MÍSER
Un joven, entre los veinte y los treinta, se afana con un cabo sobre la cubierta de un pequeño barco pesquero en el puerto de Cambados. Embutido en un traje de agua, intenta sin destreza amarrar el barco. Tras unos minutos, el patrón le dice: «¡Pero tensa o cabo, oh!». El chaval, ex universitario, declina explicar su historia pese a que es uno de los personajes que se han incorporado en los últimos meses a las tripulaciones de los pesqueros gallegos. Estudiantes sin empleo, emigrantes sin fortuna y, sobre todo, parados que han perdido su trabajo en tierra a causa de la crisis, se han ido desplazando hasta los puertos a buscar una plaza en los barcos que hace menos de dos años se veían en dificultades para completar una tripulación suficiente para salir a faenar.
De enero a diciembre del año pasado, la Xunta expidió 14.217 tarjetas profesionales, una cifra altísima si se tiene en cuenta que los últimos datos de la Consellería de Pesca calculan que pesca extractiva, acuicultura y marisqueo emplean en Galicia a unas 24.500 personas. La cifra de tarjetas profesionales tiene, sin embargo, truco, ya que el año pasado la Administración autonómica estableció la necesidad de completar al menos dos cursos para poder faenar, obligando a muchos marineros que ya tenían trabajo a renovar sus tarjetas.
En cualquier caso, la mayoría de las cofradías de Galicia desarrollaron el año pasado estos cursos y vieron en muchos casos cómo las plazas se completaban enseguida dejando casi siempre lista de espera. A la necesidad de acudir antes de fin de año para acceder a la tarjeta profesional, se unió el éxodo hacia los puertos de centenares de parados interesados en enrolarse. El resultado ha sido una actividad en las cofradías desconocida en las últimas décadas. «É moi curioso ?explica Benito González, presidente de la Federación Galega de Confrarías?, porque antes había carteis nos que se pedían mariñeiros. Agora é ao contrario, son os mariñeiros os que piden traballo».
El fenómeno está provocando un efecto colateral: el desplazamiento de la población inmigrante que en los últimos años había cubierto el hueco dejado por toda una generación que escapaba del trabajo en el mar. Ahora son víctimas de una dura selección. Los patrones mantienen a los mejores, pero se han desprendido de aquellos que no acabaron de convencerles y que embarcaban porque, literalmente, no había nadie más que quisiera hacerlo. Hoy pueden elegir. Los indonesios han sido el colectivo menos afectado y el peruano, el que más.
Con todo, la llegada de nuevos demandantes de trabajo al sector apenas ha modificado las estadísticas de la Seguridad Social que, en el Régimen Especial del Mar, apenas registra modificaciones a lo largo de 2010. Pero ellos están en los puertos: «Sempre hai prazas libres», opina el patrón mayor de Burela, Basilio Otero: «O problema non é absorber a estes novos demandantes de emprego porque hai moita mobilidade, o problema está en que non nos deixan pescar. Agora mesmo estamos escapándolle ao peixe».
«É normal ?señala un patrón en Cambados? que se atenda a un familiar que pide traballo. O mar dá para todos. Igual non moito, pero cen ou douscentos euros á semana sempre se poden sacar. É mellor que estar en terra e non ter nada».

Un grupo de marineros peruanos en paro en el centro de Cambados
Peruanos varados en Cambados
Llegaron a ser más de trescientos, pero muchos han tomado ya el camino de vuelta. Los peruanos de Cambados son el colectivo más afectado por el reactivado interés de los gallegos por volver al mar. Algunos de los marineros reclutados en Perú suman ya más de un año sin trabajar y empiezan a verse entre la espada y la pared: «Aquí hubo mucho trabajo ?explica uno de ellos?, pero ahora muchos patrones le dan prioridad a su familia». «Hay personas que están en una situación muy delicada», dice la presidenta del colectivo de peruanos de Cambados. Algunos pescadores reagruparon durante estos años a sus familias, pero ahora han perdido el empleo y sobreviven con lo justo: «No nos quieren enrolar ?se queja otro de los pescadores sin empleo?, nos están quitando el pan de nuestros hijos». Muchos se dan cuenta de que, si no cambian las cosas, tendrán que tomar el camino de vuelta.


