Seijas: ´Solo pude echar la mano al jefe de máquinas´
El contramaestre noiés del pesquero de Pescanova achaca el naufragio a una vía de agua que escoró el buque
P. PIÑEIRO | A CORUÑA Los dos tripulantes gallegos -José Manuel Seijas, contramaestre, y Miguel Ángel Sampedro, jefe de máquinas- que sobrevivieron junto con otros 36 tripulantes al naufragio en el extremo sur de Chile el pasado jueves del palangrero Faro de Hércules, de la filial chilena de Pescanova (Pesca Chile), llegaron ayer de madrugada en perfecto estado de salud al puerto de Punta Arenas en un barco de la Armada chilena junto con sus compañeros rescatados.
Seijas: ´Solo pude echar la mano al jefe de máquinas´
Los supervivientes del naufragio en el que desaparecieron cuatro marineros chilenos fueron recibidos con emoción por sus familiares, entre los que se encontraban también los de algunos de los desaparecidos, que aún albergan la esperanza de poder encontrarlos con vida.
Ayer por la tarde y tras pasar, lo mismo que el resto de sus compañeros, una revisión médica y declarar ante la Fiscalía sobre las circunstancias del accidente para determinar sus causas, José Manuel Seijas, noiés de 41 años y con 23 años de trabajo en la pesca en la zona de Magallanes, atendió la llamada de este diario minutos antes de celebrar una reunión en su empresa y trasladó el buen estado personal y de todos los rescatados. Previamente, había conversado con el periódico chileno La Prensa Austral para señalar que todos están bien y que "gracias a Dios; todo se trató de un susto".
Seijas relató que llevaba embarcado 25 días tras pasar las vacaciones de Navidad con su familia en Galicia y, al recordar el día del accidente, apuntó que "había bastante mal tiempo y una vía de agua empezó a entrar por el costado de estribor; el barco empezó a escorarse y las bombas de achique se pararon, al igual que el motor principal". Para Seijas, ésa fue la razón del accidente y no algún error del capitán, tal como aseguraron anónimamente algunos tripulantes al diario chileno al llegar a puerto.
El contramaestre relató que fue uno de los últimos tripulantes en evacuar el barco junto con Miguel Ángel Sampedro. "Fue una cosa de 15 minutos, nada más, fue todo muy rápido. Sólo pude echarle la mano al jefe de máquinas, porque a los otros de la sala de máquinas no los vi". El marinero de Noia se refería así a los cuatro desaparecidos en el naufragio. "Eran compañeros de trabajo de hace ya 10 a 12 años atrás. Era personal de máquinas el que quedó atrapado, todos tripulantes chilenos", señaló.
Tras el accidente y de abandonar el barco, recordaba ayer Seijas, los 38 marineros supervivientes estuvieron 16 horas en la balsa salvavidas, con bastante mal tiempo y olas de 5 y 6 metros. Él viajaba en una balsa donde iban 24 personas, mientras que en otras dos lo hacían los otros 14 marineros. "Una avioneta de la Armada nos avistó como a las cuatro de la mañana del viernes, gracias a que hicimos señales con bengalas", explicó Seijas, quien destacó también que todos los tripulantes se comportaron bastante bien y que por ello la evacuación fue ordenada.
Por otra parte, testimonios recogidos por La Prensa Austral entre los supervivientes a su llegada a Punta Arenas manifestaban la certeza de que los cuatro desaparecidos quedaron en el interior del barco, en la zona de máquinas donde trabajaban. De ser así y dado que ayer mismo el barco se hundió en el Pacífico, se esfumarían las esperanzas de encontrarles con vida, aunque por el momento la Armada chilena no lo ha confirmado ni descarta que los cuatro marineros chilenos puedan ser localizados sanos y salvos en caso de haber podido abordar una balsa salvavidas -falta una del pesquero- o de haber logrado ponerse los trajes de inmersión y estar flotando o hayan llegado a alguna isla de la zona del naufragio.
Ayer mismo, las malas condiciones del tiempo obligaron a suspender las labores de búsqueda por mar y aire de los cuatro marineros. Antes del hundimiento del barco, la Armada había enviado a la zona medios para perforar el casco ante la posibilidad de que en su interior estuvieran los desaparecidos.
Tras llegar a tierra, los 38 supervivientes fueron sometidos a un reconocimiento médico en el que constató que ninguno sufría daños ni lesiones, excepto un marinero que sufría un esguince. Su estado psicológico era, sin embargo, menos satisfactorio al sufrir de estrés agudo.
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