Y ella sola se murió
ANTÓN LUACES No ha habido mea culpa porque aquí nadie se siente culpable de nada. Nos indignamos y viene la Lotería y le da un guantazo fantástico -más de un millón de euros- a uno de los indignados vigueses. El salitre, los rociones, al igual que la poutada y los gualdrapazos, son para la gente de mar. Para los que se llevan en el cuerpo el azote preciso antes de convertirse para siempre en un témpano inscrito en las listas del paro o en las de aquellos que, con un poco de suerte, han podido llegar a disfrutar del coeficiente reductor que los envía a casa con una pensión de 600 euros mensuales.
Y si para unos es la gloria de los millones y millones de euros, el amarre y el desguace de barcos son la tónica habitual entre los profesionales de la pesca.
Una prueba evidente: Galicia es la comunidad con mayor dedicación, y por tanto dependencia, de la pesca. Se constata una vez más, en los prolegómenos de lo que será la definitiva Política Pesquera Común (PPC), una vez se reforme la vigente. Y hasta que esto sea así, los datos que proceden del director general de Recursos Pesqueros y Acuícolas, Alejandro Polanco, hablan por sí solos: entre 2006 y 2010, el caladero Cantábrico Noroeste ha perdido el 21% de su flota artesanal. Es decir, en cinco años, uno de cada cinco barcos artesanales se ha quedado en el camino como chatarra o para ser vendidos al exterior.
Galicia es la comunidad que más ha perdido, tal vez porque sea la que tiene más flota: el 40% del registro total bruto de todo el Estado. Y hablamos de embarcaciones que dan empleo a entre 1 y 5 hombres porque, según datos aportados por el profesor García Allut y referidos al año 2002, el 80% de la flota artesanal gallega tenía menos de 10 toneladas de registro (TRB) y el 92,5% no alcanzaban las 75 TRB. De la pesca vivían 41.600 pescadores (29.470 en la plataforma gallega) y 9.200 mariscadoras, según las cifras que barajaba la Consellería de Pesca referidos al citado año 2002. Por cada trabajador en la mar, otros tres realizaban sus funciones en otras actividades relacionadas directa o indirectamente con el sector pesquero: acuicultura, comercialización, industria conservera, industria de congelados, servicios relacionados, hasta un total de casi 120.000 personas (12,2% del empleo total gallego). Son datos de hace 9 años. Hoy, según la Consellería do Mar -que parece no haber renovado en su página web los que ofrecía la anterior Consellería de Pesca- tienen empleo directo en la pesca extractiva, marisqueo y acuicultura, 24.534 personas; 12.000 en la conserva, 8.000 en el congelado y 2.000 en la comercialización. En total: 46.534 empleos. Los que se perdieron desde 2002 hasta la actualidad son, por tanto, 73.000 puestos de trabajo en la mar o relacionados con esta en un territorio como el gallego, que tiene menos de 3 millones de habitantes y numerosas poblaciones en las que la pesca, en general, significa muchos más que su columna vertebral: Fisterra, el 47,2% de sus trabajadores estaban dedicados a la mar; en Ribeira, el 40%; en Malpica, el 32,4%... En Burela, Celeiro, Camariñas, Cangas, Cariño, Sada, Muxía, Porto do Son, Muros y un largo etc., la mar daba y da cobertura a la mayor parte de los hogares allí establecidos.
Si la PPC no lo remedia, y parece que no va a ser así, habrá que entonar el tan socorrido entre todos la mataron y ella sola se murió.
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