Bruselas ordena a barcos gallegos retirar máquinas de 24.000 euros
Dice que los aparatos para separar el pescado están prohibidos
Había consenso en la fecha de inicio, en los topes diarios por artes, en autorregularse a través de normas de extensión... El inicio de la costera del verdel, antesala de la de la anchoa, pintaba de lo más tranquilo. Solo la proliferación de máquinas separadoras de pescado a bordo de los barcos enturbiaban el panorama. Y acabaron por agitar el arranque de la campaña, prevista para el próximo lunes. Ayer, inspectores comunitarios ordenaron a varias embarcaciones -vascas y gallegas- retirar de las embarcaciones esos aparatos, alegando que están prohibidos expresamente por las normas comunitarias. La flota, sin embargo, no cree que el texto sea tan tajante y explícito, pues el reglamento veta máquinas que clasifican el pescado por tallas, no que separan unas especies de otras por tamaño, y se refiere en concreto a tres especies, el arenque, la caballa y el jurel, no alude a la anchoa o a la sardina.
Los polémicos aparatos ya fueron empleados en costeras anteriores por pesqueros vascos y un par de cerqueros con base en Portosín. Es más, según los armadores gallegos, el Gobierno vasco incluso subvencionaba la instalación de esas máquinas. Y como facilitaban mucho el trabajo de clasificación del pescado, este año fueron más los que se animaron a incorporar la separadora.
Los propietarios de una media docena de barcos -de Portosín, de Ribeira y Portonovo- desembolsaron los en torno a 24.000 euros que cuesta la máquina para poder acortar los tiempos de trabajo a bordo. Ahora se encuentran con que la tienen que retirar. Belarmino Rodríguez, representante del cerco de Portosín y armador del J. Teresa, fue uno de los que se animaron a realizar la inversión, una mejora que abordó porque cree que «favorece a calidade do peixe e evita aos homes estar cinco horas na bodega escolléndoo». Y ahora se encuentra con el problema de tener que invertir de nuevo para desmontar la máquina del barco y buscar un lugar en el que dejarla, puesto que se ha trasladado de Portosín a Pasajes para participar en la costera del verdel. «Mañá [por hoy], dirannos o que temos que facer», confiaba Belarmino Rodríguez.
Facilitar el trabajo
El armador del J. Teresa defiende que la separadora mejora la calidad del pescado. En lugar de retirar las capturas del cerco con un salabardo y depositarlas en la bodega para clasificarlas a mano, una bomba de succión extrae del copo los ejemplares, todavía vivos, se introducen en una tolva que separa de la misma mancha por un lado las especies pequeñas y por otro las de mayores dimensiones, jurel de anchoa, por ejemplo.
«A clasificadora, en si, non ten por que ser dañina, outra cousa é o uso que se lle dea», señala Eduardo Carreño, patrón mayor de Portosín, que asegura que el año pasado hubo barcos de Ondárrola que la emplearon para elegir la anchoa más grande y tirar la pequeña. «Así foi, que a nós pagábannos a 1,30 euros e eles sacaban tres euros por cada quilo», explica.
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